Los más pequeños del Liceo Juana Ross de Edwards celebraron con alegría la Liturgia de Santa Marta
Los niños y niñas de Prekínder a 3° Básico vivieron una Liturgia para celebrar a Santa Marta, renovando el llamado a servir, acoger y creer en Jesús, siguiendo el ejemplo de la patrona que inspira el carisma de la comunidad educativa.
En el marco de la Solemnidad de Santa Marta, María y Lázaro, celebrada el 29 de julio, los estudiantes de Prekínder a 3° Básico del Liceo Juana Ross de Edwards participaron en una Liturgia presidida por el capellán, Padre Julio Maúlen, instancia que permitió acercar a los más pequeños al corazón del carisma de la Congregación de las Religiosas de Santa Marta.
La celebración comenzó dando gracias a Dios por el regalo de Santa Marta, protectora de la comunidad educativa, y por la presencia de las Religiosas de Santa Marta, quienes este año conmemoran 66 años de misión en la ciudad de Valparaíso, acompañando la formación de generaciones de niños, niñas y jóvenes.
Durante la Liturgia, los estudiantes escucharon el pasaje del Evangelio según san Lucas (10, 38-42), donde Jesús visita la casa de Marta y María en Betania. A partir de este texto, el Padre Julio invitó a los niños y niñas a descubrir que Jesús desea ser recibido con un corazón lleno de amor, amistad y disponibilidad para servir a los demás.
Un momento fue la oración de los fieles, donde la comunidad pidió especialmente por el Papa León XIV, por las familias afectadas por los recientes temporales, por las Religiosas de Santa Marta que continúan su misión de servicio y acogida, y por nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas que respondan con generosidad al llamado de Dios.
La presentación de las ofrendas permitió profundizar en las principales virtudes de Santa Marta a través de signos cargados de significado. Un cántaro recordó su espíritu de servicio; una lámpara encendida representó la fe con la que reconoció a Jesús como el Hijo de Dios; y un corazón simbolizó la acogida generosa que caracterizó el hogar de Betania y que hoy inspira la vida cotidiana del Liceo.
Finalmente, tomados de la mano como signo de unidad, los estudiantes rezaron juntos el Padre Nuestro y fueron enviados a sus hogares con la misión de construir, desde pequeños gestos, una auténtica Betania Porteña, donde cada persona sea recibida con cariño, respeto y alegría.
















